Las consecuencias políticas de la economía: las otras externalidades

He estado siguiendo el debate entre Berta y Roger sobre los roles de la política y la economía en la crisis europea, y al final no me he podido resistir. Roger decía básicamente que los políticos toman decisiones atendiendo únicamente a las encuestas. Su objetivo: asegurarse la reelección. En otras palabras, nuestros gobernantes toman decisiones políticas sin tener en cuenta las externalidades económicas, como son llevarse por delante el presupuesto, credibilidad y empleos de un país.

Yo quiero enfocarme en la situación inversa, a la que se enfrentan los técnicos y economistas que en teoría no rinden cuenta ante los votantes. Léase, por ejemplo, un funcionario de la Comisión Europea (aunque es cierto que rinden cuenta ante otros) o alguien que trabaja para un Banco Central. Mi argumento es que, al igual que los políticos no tienen en cuenta las externalidades económicas, los economistas no tienen en cuenta las externalidades políticas.

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Nota rápida: ¿Cuántos euros me dan?

Siempre que se produce un anuncio de subida de impuestos, lo cual es bastante a menudo hoy en día, uno de los temas que se menciona primero es si es progresiva o regresiva. Por supuesto, esto depende de  si uno está en el gobierno o la oposición, sea cual sea el color político en cuestión. En cualquier caso, los efectos (teóricos) sobre la distribución de renta suelen ser un factor clave.

Uno de los mejores profesores que he tenido (lo podéis seguir aquí, por cierto) nos dijo un día en clase que al mirar únicamente a los impuestos nos estábamos perdiendo la mitad de la historia. Me explico. En términos de dinero, hay dos formar de redistribuir: Con impuestos y con gasto. Un país puede tener el sistema de impuestos más progresivo del mundo, pero si se gasta el presupuesto estatal en crear servicios que utilizan los más ricos, el nivel de redistribución total será bastante bajo. En cambio, si un gobierno recauda todo su dinero con un impuesto sobre el consumo como el IVA (aquí una propuesta alternativa de la que soy fan, por cierto), que es regresivo, pero se gasta todo el presupuesto en servicios para los ciudadanos con menos recursos, el nivel de redistribución será más elevado. Sigue leyendo

Innovación, tartas y trabajo

Roger se me ha adelantado y acaba de publicar un artículo que menciona el reportaje del Economist sobre la llamada tercera revolución industrial, que en teoría va a llevar a un nivel de automatización aún mayor, con la consiguiente reducción de empleos en ciertos sectores. Estoy de acuerdo con lo que dice. El que tardemos menos tiempo y usemos menos recursos para producir algo nos hace más ricos como sociedad. El tiempo que antes pasábamos cultivando nuestros propios alimentos o cazando (por necesidad, ejem), ahora lo podemos dedicar a actividades más productivas o, si nos queda tiempo, a cosas que nos apetezcan más.

El problema es que a pesar de que esta innovación continua nos permita repartir una tarta más grande, también tiene efectos sobre la distribución de esa tarta. Es más, yo creo que esos efectos redistributivos son mucho más relevantes hoy en día. En el pasado los cambios tecnológicos se sucedían de forma más lenta y en el fondo la adaptación era mucho más sencilla. No era necesario que los agricultores se reconvirtieran en peones de obra o artesanos. El cambio de ocupación podía ocurrir tranquilamente de generación a generación. El padre agricultor se jubilaba o moría y el hijo ya empezaba trabajando en el sector que interesase más.

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Competencia educativa, charters y concertados

Hace unos días Antonio Cabrales escribía una entrada en Nada es Gratis sobre los charter schools. Para los que no los conozcáis, son colegios parecidos a nuestros concertados: de gestión privada pero financiados con dinero público, de forma que no hay coste adicional de admisión para el estudiante o la familia.  La idea es que haya más libertad y competencia en el mercado educativo, lo cual, dice la teoría, debería mejorar la calidad de la enseñanza. Quizá por ello se ha convertido en una de las soluciones más populares para mejorar los resultados (el mismo Cabrales habla sobre el tema en su sección sobre educación primaria en esta serie de propuestas de FEDEA).

Yo personalmente soy un poco escéptico. En principio creo que hay dos funciones obvias que podrían cumplir los concertados/charters:

1. Incrementar la competencia y por lo tanto provocar una mejora en todo el sistema de escuelas. La idea es que los colegios públicos se verían obligados a ponerse las pilas y mejorar su calidad para evitar perder alumnos. Lo mismo ocurriría con los colegios privados y concertados.

2. Proporcionar más oportunidades para la innovación y creatividad. Al crear escuelas que no están sujetas a las reglas de la escuela pública se permite que los nuevos directores y profesores apliquen sus propias técnicas, que quizá sean más efectivas que las del resto. De esta manera se pueden identificar “buenas prácticas” y aplicarlas al resto de escuelas.

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La baja densidad no tiene por qué ser sinónimo de pobreza

Nota rápida, como apunte a la entrada de Roger sobre el informe de urbanización que mencionaba Tyler Cowen en Marginal Revolution (por cierto, también se hicieron eco Matt Yglesias y Ryan Avent en el Economist). El mensaje viene a ser el mismo que se ha venido repitiendo: Las ciudades son más productivas y la densidad de población permite economías de escala muy importantes.

Un argumento en contra de la las migraciones y aumentos de densidad dice que la cuestión es que no podemos abandonar a las regiones despobladas a su suerte. Porque si la gente emigra a las ciudades, las zonas con menor densidad se empobrecerán aún más, ¿no? No tiene por qué ser así. Suecia, por ejemplo, con la excepción de Estocolmo y otras áreas metropolitanas del sur (Goteborg, Malmö y compañía), está vacía. Pero literalmente.

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Europa: Sorpresas regionales

Un addendum a las múltiples entradas que ha habido aquí (1 y 2) y en Politikon (1 y 2) sobre las persistentes desigualdades regionales que tenemos en España.

Tengo que reconocer que la existencia de Eurostat, a pesar de su terrible página web, me vale como argumento definitivo a favor de la Unión Europea. Entre todos los datos que recogen, uno de los más interesantes es el de las estadísticas a nivel regional. Para gestionar los fondos estructurales, la UE usa una serie de subdivisiones dentro de cada país llamadas regiones NUTS*, para las que calcula una serie de magnitudes. Aquí tenéis un mapa estupendo con el PIB per cápita como porcentaje de la media de la UE de las regiones de Europa Occidental.

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© Eurostat - Click aquí para ver el resto de tablas

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No rellenar un formulario te puede dejar sin educación superior

Al hilo de la entrada de ayer sobre cambios pequeños y grandes efectos, aquí hay otro ejemplo más, esta vez en Estados Unidos. A menudo parte del problema de las becas y ayudas destinadas a los más desfavorecidos no es que no existan, sino que no llegan a donde tienen que llegar. Parte del problema es que los candidatos a recibir dichas ayudas a menudo no conocen su existencia, y otra parte es que si la conocen, no tienen ni el tiempo ni la paciencia para completar el proceso de solicitud y trámite.

En EEUU decidieron probar qué ocurriría si se ofreciera más información (para los que no lo sabían o lo habían olvidado) y más asistencia personalizada (para los que no lo hacían por el engorro que suponía).

Lo que usaron en concreto fue el FAFSA (Free Application for Federal Student Aid), un formulario de diagnóstico que nos dice si somos elegibles para recibir becas para costearnos la carrera. Para ello decidieron aprovechar que ya había sesiones de asistencia en temas de impuestos para familias pobres: Dividieron a los que venían a las sesiones en tres grupos aleatorios (Nota: previamente habían seleccionado a familias con hijos en edad de ir a la universidad, especialmente aquellos que acababan la secundaria ese mismo año). Sigue leyendo

50 años de desigualdad en una gráfica

Post rápido. Como resumen del problema del que hemos estado hablando en estas dos entradas (primera y segunda) y en Politikon, aquí tenéis una gráfica resumen de la evolución de la desigualdad entre comunidades autónomas desde 1955 a 2009. Desde los 50 a finales de los 70 hubo una clara convergencia, mientras que desde entonces la tendencia es más ambigua.

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Nota:

 Los datos del BBVA van de 1955 a 1995. Desde 1995 he utilizado datos de PIB per cápita del INE. También es necesario mencionar que la metodología de cálculo de los PIB regionales no se ha mantenido constante.

Demografía y desigualdad

Ayer Stirner mencionaba en los comentarios que la demografía podría explicar los cambios en PIB per cápita de las comunidades durante los últimos 30 años. La idea es que Murcia o Valencia se han visto penalizadas por su crecimiento demográfico por encima de la media y por eso su posición relativa ha empeorado. Y a la inversa: Como Asturias y Galicia han crecido por debajo de la media en términos de población, su PIB per cápita ha mejorado.

Aquí tenemos los datos de cambios de población, veamos qué ocurrió:

Como decía Stirner, hay una correlación entre un mayor crecimiento demográfico y un menor crecimiento en términos de PIB per cápita. Para hacernos una idea, los cambios de población explican más o menos el 48% de los cambios en PIB per cápita. Madrid es el “outlier” por excelencia, ya que consigue combinar ambas cosas.

Ahora la pregunta es, ¿se puede justificar la falta de convergencia regional con el argumento demográfico? Sigue leyendo

Y los ganadores son…

¿Qué comunidades han ganado y cuáles han perdido en los últimos treinta años? En el post anterior hablaba sobre Andalucía y cómo básicamente se había quedado estancada en el 76% del PIB per cápita de España desde hace 30 años. Poco se puede extrapolar de una observación, así que veamos lo que ha pasado con el resto de España. Aquí tenéis una tabla de las posiciones de salida en 1980. El País Vasco, Navarra y Cataluña eran las autonomías más ricas mientras que Castilla La Mancha, Andalucía y Extremadura ocupaban el furgón de cola.

También mencioné el modelo de crecimiento de Solow, y cómo en teoría las regiones o países con menos renta per cápita deberían tender a crecer más que las más ricas (hay retornos marginales decrecientes). Es decir, deberíamos esperar, en ausencia de otros factores y asumiendo que todas las autonomías tienen características similares en términos de instituciones (esto no es descabellado ya que son parte del mismo país), tecnología y tasas de ahorro (esto puede variar más), que las autonomías que estuvieran por debajo de la media en 1980 hubieran crecido más en las décadas siguientes, produciéndose una convergencia. Aquí tenemos lo que ocurrió en España: Sigue leyendo