Las consecuencias políticas de la economía: las otras externalidades

He estado siguiendo el debate entre Berta y Roger sobre los roles de la política y la economía en la crisis europea, y al final no me he podido resistir. Roger decía básicamente que los políticos toman decisiones atendiendo únicamente a las encuestas. Su objetivo: asegurarse la reelección. En otras palabras, nuestros gobernantes toman decisiones políticas sin tener en cuenta las externalidades económicas, como son llevarse por delante el presupuesto, credibilidad y empleos de un país.

Yo quiero enfocarme en la situación inversa, a la que se enfrentan los técnicos y economistas que en teoría no rinden cuenta ante los votantes. Léase, por ejemplo, un funcionario de la Comisión Europea (aunque es cierto que rinden cuenta ante otros) o alguien que trabaja para un Banco Central. Mi argumento es que, al igual que los políticos no tienen en cuenta las externalidades económicas, los economistas no tienen en cuenta las externalidades políticas.

¿A qué me refiero? Por poner un ejemplo reciente, las elecciones en Grecia. Hay evidencia que sugiere que las crisis económicas favorecen la aparición de partidos extremistas. Los años 20 y 30 nos dieron una muestra muy amplia. La experiencia griega es un caso más. Parece claro que el auge de Amanecer Dorado es una consecuencia de la entrada en barrena de la economía y la catastrófica caída de la actividad.

El que un partido neonazi se haga con un porcentaje importante de los votos, entre en el parlamento y tenga capacidad de decisión es una externalidad política negativa para cualquier sistema democrático. Y lo peor es que esta clase de externalidades no suele incluirse en el análisis coste/beneficio de la política económica.

Un artículo reciente en el Financial Times, titulado “Cómo resolvería Keynes esta crisis”, lo ponía así:

One of the lessons of history is that sovereign debts must be managed in ways that do not destroy either the economy or the political centre ground.

Una crisis de deuda (yo añadiría, cualquier crisis) debe ser gestionada sin destruir ni la economía, ni el centro político. Un economista que trabaja para el gobierno no gestiona una empresa, sino un Estado. Uno de los objetivos del Estado, además de mantener la economía en funcionamiento y actuar como empresa de seguros, es garantizar la supervivencia de la democracia.

El canciller de Weimar Heinrich Brüning, y el resto de políticos demócratas alemanes lo aprendieron por las malas cuando Hitler llegó al gobierno democráticamente. Brüning decidió optar por una austeridad brutal, lo que él consideraba la decisión correcta en términos económicos. No obstante, no incluyó las externalidades políticas el el cálculo, lo cual resultó ser desastroso.

En definitiva, al igual que al tomar decisiones económicas cuantificamos e incorporamos externalidades como el coste de las emisiones de CO2, también se deberían incluir las externalidades políticas, como pueden ser la radicalización, polarización o violencia. La historia nos ha enseñado que a menudo pueden tener consecuencias mucho más dramáticas.

2 pensamientos en “Las consecuencias políticas de la economía: las otras externalidades

  1. “Uno de los objetivos del Estado, además de mantener la economía en funcionamiento y actuar como empresa de seguros, es garantizar la supervivencia de la democracia.”

    El problema es lo que cada uno entienda por “democracia”; podemos usar la definición estricta de la palabra, o interpretarla en un sentido más amplio, incluyendo todos aquellos derechos que como ciudadanía hemos conseguido en las últimas décadas. En este caso, lo que estamos viendo es un intento de sobrevivir a ” la crisis” a toda costa, olvidando que muchas de las decisiones y recortes que se están llevando a cabo van a tener consecuencias a muy largo plazo, con costes difíciles de recuperar. Incluiría dentro de lo que defines como externalidades políticas la pérdida de servicios que hemos garantizado por el simple hecho de ser ciudadanos y la pérdida de un estado del bienestar que nos ha permitido vivir en una sociedad más igualitaria, en la que la palabra “democracia” toma su sentido más amplio.

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