Innovación, tartas y trabajo

Roger se me ha adelantado y acaba de publicar un artículo que menciona el reportaje del Economist sobre la llamada tercera revolución industrial, que en teoría va a llevar a un nivel de automatización aún mayor, con la consiguiente reducción de empleos en ciertos sectores. Estoy de acuerdo con lo que dice. El que tardemos menos tiempo y usemos menos recursos para producir algo nos hace más ricos como sociedad. El tiempo que antes pasábamos cultivando nuestros propios alimentos o cazando (por necesidad, ejem), ahora lo podemos dedicar a actividades más productivas o, si nos queda tiempo, a cosas que nos apetezcan más.

El problema es que a pesar de que esta innovación continua nos permita repartir una tarta más grande, también tiene efectos sobre la distribución de esa tarta. Es más, yo creo que esos efectos redistributivos son mucho más relevantes hoy en día. En el pasado los cambios tecnológicos se sucedían de forma más lenta y en el fondo la adaptación era mucho más sencilla. No era necesario que los agricultores se reconvirtieran en peones de obra o artesanos. El cambio de ocupación podía ocurrir tranquilamente de generación a generación. El padre agricultor se jubilaba o moría y el hijo ya empezaba trabajando en el sector que interesase más.

Ahora, en cambio, los cambios se producen en la misma generación. Un trabajador que empieza a trabajar en un sector puede encontrarse con que está obsoleto a los pocos años. Eso significa que las famosas políticas de formación continua (que en España gestionamos pésimamente, por cierto) pasan a jugar un papel mucho más relevante. Si efectivamente la era de los periodistas robóticos va a llegar y los trabajadores van a pasar a saltar de sector a sector durante su vida laboral, deberíamos observar un paso a una oferta educativa más general para jóvenes complementada con formación continua más específica.

Un país que hace esto más o menos bien es Estados Unidos, con una oferta de grados mucho más abiertos y flexibles que raramente determinan la carrera que vas a seguir al graduarte. Abundan los graduados en historia que acaban haciendo un MBA o trabajando en Google, por ejemplo. Esto lo complementan con programas de formación dentro de las empresas. Las grandes consultoras (tipo McKinsey o Boston Consulting Group), por ejemplo, se fijan bastante más en tus notas que en si eres biólogo o economista. Ellos se encargan de que, una vez te unes a la empresa, pases a aprender todo lo que necesites sobre el negocio.

Pero volvamos al tema de cómo de grande es la tarta y cómo se divide. Da la impresión de que la mayoría de innovaciones tecnológicas tienden a afectar desproporcionadamente a los trabajos menos remunerados (si alguno tenéis información al respecto, os pido que me paséis el link). Descontando los (grandes) beneficios que dejan para toda la sociedad las innovaciones tecnológicas, los perdedores serían los del percentil 50 de salarios para abajo.

No obstante, aunque esto no fuera así y los perdedores fueran ricos y pobres por igual, no cambiaría demasiado la cosa. Pensemos en quiénes van a tener más posibilidades de reconvertirse como trabajador e incorporarse a un sector distinto. La respuesta está clara: Los sectores más formados (y por lo tanto con más recursos) de la sociedad. Es el eterno tema de la igualdad de oportunidades. A pesar de que nominalmente el acceso a la educación sea idéntico para todos los niveles socioeconómicos, en realidad esto no es así. Existen muchas barreras de entrada. Parafraseando al artículo:

As the revolution rages, governments should stick to the basics: better schools for a skilled workforce, clear rules and a level playing field for enterprises of all kinds. Leave the rest to the revolutionaries.

Yo añadiría algo más. Los gobiernos deberían centrarse en la educación, sí. Pero además de garantizar un “level playing field” para las empresas, deberían hacer lo mismo para los individuos a la hora de acceder a esa educación, sea cual sea su nivel socioeconómico.

Addendum: Cives acaba de publicar un post estupendo sobre el tema.

5 pensamientos en “Innovación, tartas y trabajo

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  2. Pingback: Los dos caminos de los jóvenes | Politikon

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