Innovación, tartas y trabajo

Roger se me ha adelantado y acaba de publicar un artículo que menciona el reportaje del Economist sobre la llamada tercera revolución industrial, que en teoría va a llevar a un nivel de automatización aún mayor, con la consiguiente reducción de empleos en ciertos sectores. Estoy de acuerdo con lo que dice. El que tardemos menos tiempo y usemos menos recursos para producir algo nos hace más ricos como sociedad. El tiempo que antes pasábamos cultivando nuestros propios alimentos o cazando (por necesidad, ejem), ahora lo podemos dedicar a actividades más productivas o, si nos queda tiempo, a cosas que nos apetezcan más.

El problema es que a pesar de que esta innovación continua nos permita repartir una tarta más grande, también tiene efectos sobre la distribución de esa tarta. Es más, yo creo que esos efectos redistributivos son mucho más relevantes hoy en día. En el pasado los cambios tecnológicos se sucedían de forma más lenta y en el fondo la adaptación era mucho más sencilla. No era necesario que los agricultores se reconvirtieran en peones de obra o artesanos. El cambio de ocupación podía ocurrir tranquilamente de generación a generación. El padre agricultor se jubilaba o moría y el hijo ya empezaba trabajando en el sector que interesase más.

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